Música

        Recuerdo, a veces, al protagonista de Historias del Kronen escuchando aquella canción de The The una y otra vez de forma obsesiva como el pirado que era y lo recuerdo porque, en ocasiones, me comporto como él.

        En lo de las canciones, quiero decir, en lo demás, de momento ando un poco mejor de la cabeza…

        Ahora tengo que pausar Spotify para seguir escribiendo, pero me da rabia y me gustaría tener la habilidad de pensar y escuchar con atención a la vez; la habilidad de desdoblarme, para no tener que parar esas guitarras que me han acompañado tantas veces.

        Lo mío con la música ha sido siempre un idilio casi secreto e incomprendido. Cuando era adolescente a nadie le gustaba la música que me gustaba a mí y, si encontraba a alguien con quien compartir cintas piratas grabadas en el radiocasete de doble pletina, me costaba mucho trabajo no idealizar a esa persona. Algunos y algunas de los que idealicé eran unos auténticos impresentables, pero en mi mundo, los gustos musicales dividían a las personas en interesantes y anodinas.

        Con el tiempo aprendí a no juzgar a la gente por su falta de gusto musical y a no pillarme por colegas patéticos que conocía en festivales, pero no fue un trabajo fácil.

        Pongo otra vez esa canción en You Tube porque se me ha acabado el Premium esta mañana y Spotify pasa profundamente de mí. Unos pocos acordes y el redoble de la batería inunda la habitación como un humo denso e hipnótico. El cantante tiene una voz clara y una actitud desafiante e irónica. Las guitarras suben y dejo de pensar. No puedo escribir. Escucho. Siento. Como drogada. Como hipnotizada. En trance.

        Estoy sola, evidentemente. Me cuesta compartir estos momentos con alguien. Me ha costado siempre, excepto en las catarsis comunitarias de esos conciertos a los que ya no voy.

       Soy una señora mayor (perdona, call me señora). No me importa mi edad. Estoy bien. Me gusto donde estoy y como soy, pero digamos que ni de mi apariencia ni de mi comportamiento habitual alguien podría extraer que me gusta el punk, el rock, el noise y otras rarezas (para los fans de Bisbal o de Bad Bunny, que son claramente mayoría).

        He pausado de nuevo la canción para reflexionar sobre todo esto. Será la crisis de la mediana edad (o de la Edad Media, que decía mi querida Natalia). Probablemente. Hay ratos en los que no sé muy bien quién soy. Dentro de mí hay alguien que no tiene 46 años. Estoy segura. Para bien o para mal. Puede que para mal… Somos una generación que acepta regular la madurez. Da miedo.

         Pero, no importa, si le doy otra vez al play se me pasa.

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