Feliz Navidad

        No tengo ningún espíritu navideño. Creo que lo perdí cuando era una cría de ocho o diez años y no ha habido forma de recuperarlo. Tampoco es que odie la Navidad, más bien me resulta molesta, como una urticaria que dura quince días cada año.

        Veo a la gente en hordas caminando erráticos por el Carrefour y siento que debo de haber nacido en otro planeta, que es físicamente imposible que comparta genes con esos seres vivos.

        Algunos llevan jerséis navideños o incluso algún tocado colorido mientras empujan su carro repleto por las entrañas del gigante en cuyas fauces se han metido voluntariamente y del que únicamente se puede salir previo pago.

        Entiendo su entusiasmo, imagino que con algo hay que entusiasmarse en esta vida, aunque sea con unos langostinos congelados y un lomo embuchado.

         No sé, en el fondo no acabo de creerme que estén tan contentos, de hecho creo que ni ellos mismos consiguen creérselo, aunque lo intenten. Sus caras buscando el turrón de oferta los delatan.

        En cualquier caso, necesitaba mucho las vacaciones. Han sido cuatro meses agotadores. Demasiados cambios, demasiada intensidad, demasiada contención. Me decía mi jefa el último día, por motivos que no vienen al caso: “tú sé tú misma”. “Claro, claro”, contesté. Pero en el fondo pensaba que menos mal que no soy yo misma. Si fuera yo misma, cualquiera sabe lo que podría pasar. ¿Cómo voy a ser yo misma? No, ni de broma. Eso, a veces, en mi casa, y no siempre.

        Pero es agotador ser otro. Es agotador. El disfraz pesa demasiado algunas veces. Y no mintamos, nadie es uno mismo casi nunca. Todos fingimos, aparentamos, aguantamos la respiración y seguimos como podemos.

        Y es que la Navidad es un enorme decorado en el que todos jugamos a ser otros hasta que algo se rompe y sale ardiendo el cartón piedra. Creo que es por eso por lo que me molesta. Porque es todo tan forzado, tan absurdo, tan falso…

        Este año estoy muy cansada. Necesito silencio y soledad. Necesito verdad. Aunque sea conmigo misma. A veces el traje que llevamos se nos incrusta en la piel y es difícil saber dónde está el cuerpo y dónde, la mentira. Hay que frotar fuerte para despojarse de los harapos.

         No voy a desearos Feliz Navidad, aunque podría y seguramente lo haga en según qué contextos para no dar explicaciones. Prefiero desearos la paz que me falta. Desearos que seáis felices a secas, así, sin Navidad. Al menos, todo lo que podáis.

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